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Si estás pensando en vivir fuera de la ciudad con tu mascota, aquí te damos unos consejos que te interesan

Los últimos estudios sociológicos nos dicen que cada vez es mayor el número de familias que deciden vivir fuera de las ciudades. La demanda de casas rodeadas de campo ha crecido exponencialmente, y a esto ha contribuido la pandemia de la COVID 19. Si, además, hay mascotas en la familia, el beneficio que se obtiene es doble, pues nuestros perros y gatos podrán disfrutar de una vida en pleno contacto con la naturaleza.

Basta pensar un poco en ello para darnos cuenta de que casi todo son ventajas; para nosotros porque nos ahorrará la, a veces, tediosa tarea de tener que dar el paseo rutinario a nuestra mascota, pues ahora bastará con abrir la puerta para que nuestros amigos peludos salgan disparados a trotar y hacer sus necesidades. Y para ellos, porque sin duda harán más ejercicio y podrán, también, satisfacer su natural curiosidad sin depender de la longitud de una correa. Si a esto añadimos que también disponen de lo más importante y fundamental para cualquier perro o gato: la compañía del resto de la familia, no se puede pedir más...   
 
 ...O quizás sí, porque ese contacto tan estrecho y permanente con la naturaleza entraña unos riesgos, y no nos referimos solo al hecho de que a más ejercicio más riesgo de lesiones, que también, sino al hecho de que los propietarios suelen dejar de percibir algunas cosas que antes les ayudaba a interpretar que su perro o gato podía estar enfermo.    
 
Es lógico que nuestro perro, después de correr y correr detrás de cada pájaro que encuentre, caiga rendido y eche siestas eternas a nuestros pies o en su lugar preferido; lo que antes nos llamaría la atención e interpretaríamos como una señal de apatía, ahora nos parecerá natural y lógico, por lo que dejaremos de alarmarnos si nuestro animal permanece echado durante largo tiempo. 
 
El hecho de ver un trozo de calcetín junto a él nos hacía sospechar que quizás el trozo que falta está dentro de su estómago y eso nos obligaba a estar más pendientes de su estado de ánimo, de si deja de comer o de si vomita, pues tarde o temprano nos daremos cuenta de cómo está afectando ese trozo de calcetín al estómago de nuestro amigo, bien porque realmente está malito, o porque veremos en sus caquitas unos pedacitos de algo que se parece a un...¿calcetín? La dificultad ahora es que quizás no descubras la otra parte del calcetín y no sepas que Boby tiene algo extraño dentro de su tripita.   
 
Si, la ventaja de que haga sus necesidades sin tener que bajar a la calle tres o más veces al día es evidente, pero, ¿cuántas veces, durante nuestros paseos con él hemos detectado que nuestro perro o gato tenía diarrea o sangre en las heces o lombrices, o simplemente que hace dos o tres días que no ha hecho caquita..? Pues eso, que tanto nos ayudaba a saber si Boby estaba malo, dejaremos de saberlo cuando le perdamos de vista durante sus paseos fuera de casa. 
 
 
Y hablando de parásitos, también el mayor contacto con "otras especies" les harán más susceptibles de alojar pequeños huéspedes que pueden transmitir enfermedades como la babesia, que transmite la garrapata y que muchas veces se detecta por el característico color a coca cola de la orina. Orina que, ahora ya no veremos....   
 
Y si cada vez que le damos a Boby su antiparasitario o su tratamiento (si tiene alguna enfermedad) podíamos descubrir media hora después la "pastillita" en el suelo de la cocina, ahora será más difícil averiguar si Boby ha tomado o no su tratamiento.   

VIVIR EN EL CAMPO-04

En fin, no pretendemos que abandones la maravillosa idea de vivir en una casa rodeada de prado verde y árboles frutales, no. Pero sí que tomes unas preocupaciones que te permitirán disfrutar aún más del contacto de toda la familia (incluido Boby) con la naturaleza.    
 
Para empezar, es lógico que tu perro se canse más al jugar y correr por el campo y por eso permanezca mucho más tiempo tumbado después del ejercicio. Pero pronto aprenderás a reconocer que tu perro también establece hábitos y que quizás demasiado tiempo sin salir y sin ganas de correr o jugar no sea solamente un síntoma de cansancio. Si sospechas que tu perro está desganado, no muestra interés por la comida, etc. (Nadie mejor que tú sabes cómo es tu perro o gato), vigílale un poco más de cerca y sácale con la correa como hacías antes, quizás así puedas ver si hace sus necesidades y si las hace, que aspecto tienen.  
 
A la hora de darle su antiparasitario o tratamiento, hazlo con la puerta al exterior cerrada y asegúrate primero de que lo ha ingerido. Ayúdate de un trocito de algo que le guste para envolver el comprimido y camuflarlo. Aun así, espera unos minutos antes de dejarle salir.
 
 Y, para terminar, si siempre has acariciado y has dado mimos a tu perro o gato, ahora que vives en una casa tienes que hacerlo muuucho más. Tienes que tocar a tu perro o gato frecuentemente; pasa tus manos por todo su cuerpo como si estuvieras jugando con él, eso te ayudará a descubrir bultos, lesiones, zonas inusualmente extrañas al tacto, pelo apelmazado o apegotado, etc. Una buena sesión de caricias quizás te lleve a descubrir que cuando tocas a tu perro o gato en un determinado sitio, éste lo evita, o lanza un pequeño grito lastimero. Está claro que cada vez que le tocas ahí le duele.   
 
Y si ya llevabas a tu perro o gato a la peluquería para recibir su baño y su corte de pelo, te aconsejamos que lo hagas un poco más frecuentemente. Los profesionales de la peluquería canina / felina saben reconocer inmediatamente si el pelaje y la piel de un animal está sana y sin presencia de parásitos externos.